David Monfil - Photographer

Algo + de David Monfil

Fotógrafo, viajero, bloguero, apasionado por las culturas y la naturaleza, vive en Barcelona cuando no viaja. Su fotografía se centra en transmitir la esencia de sus viajes y a través de este blog, deRutapor, narrarlos de una forma personal. Es Co-fundador de la plataforma de foto-periodismo multimedia Obtura.org y forma parte del grupo de debate fotográfico, Caja-Azul...


Mama Tunza – Pay It Forward 2ª Parte

Recién levantado, los niños ya están en pie. Vivian y su pandilla beben juntos leche con cereales apoyados en la pared. Una vez terminado el desayuno, me acerco. Es la primera vez que me da la mano, y nos damos una vuelta por el patio. Klinton y Susan se unen al paseo. Y más tarde también Metrin, una niña que tiene dificultades para andar. Me alegro mucho de estar allí, veo que mi presencia les hace sonreír. Nos damos largos paseos por el patio, mientras voy tomando fotos.

Al rato, los niños entran en clase y entonces Erastus, el cuidador responsable de la habitación de los chicos, Angelina y Max, 2 voluntarios que también viven aquí por un tiempo, me invitan a dar un paseo. Acepto y nos vamos a la colina más alta, desde donde se ve toda la extensión de terreno en la que esta ubicada Mama Tunza. Es una bonita excursión.

Al volver, una profesora nos invita a entrar en su clase. Son niños de entre 3 a 8 años mezclados. Les están enseñando a distinguir los días de la semana y los meses. De vez en cuando, la profesora, hace levantar a uno para que diga algo. No lo entiendo, es una mezcla de Swahili e Ingles. Los otros niños, siguen sus palabras cantando.

En la clase está otro de los peques pero de los mayores. Desde que Patrick trajo los juguetes, el se agenció de unos prismáticos de plástico y cada vez que me ve, se acerca y me mira tras ellos, con una gran sonrisa. Yo le imito con mi cámara, pero lo que es inimitable para mí son sus dientes, mejor dicho, los que no tiene. Le faltan las 2 paletillas. Nos tronchamos de risa juntos.

Llevo ya 2 días, han pasado rápido, pero la sensación para mí es como si hubiera estado una semana. Los niños ya me ven como uno más y yo me veo con la autoridad suficiente de corregirles en lo que veo que es peligroso. Me encuentro que algunos juegan con un alambre oxidado, otros están intentado desmontar un juguete con un cuchillo afilado de más de un palmo, otros se ponen en la boca pequeños muelles de juguetes rotos e incluso, he pillado a alguno con una pila de reloj, apunto de comérsela. No se como no ha habido todavía una desgracia. Los cuidadores no me hacen mucho caso cuando les advierto de esto. Les dicen 2 palabras pero al rato vuelven con lo mismo. Es difícil.

Han traído comida, bananas, patatas, cereales. Mama Tunza me llama para que lo fotografíe. De paso, me enseña algunas partes del orfanato que todavía no había visto, como el corral con gallinas, conejos y 2 vacas. Aunque la leche la trae un motociclista cada día, también como donación de Kobo, la fundación que me ayuda en el reportaje, al igual que otros alimentos para asegurar un dieta a los niños con proteínas.

Hoy ha venido Silvia, mi contacto con Kobo. Me ha traído un saco de dormir y una mosquitera pero no me hará falta porque no hay mosquitos. En mi habitación, me encuentro con los típicas palomitas que vienen cuando hay luz. Lo más gordo que me he encontrado es una araña como una pelota de ping pong corriendo por la pared. Lo primero que se me ha ocurrido es hacerle una foto. Luego, lo siento por ella, pero no podía dejarla vivir en mi habitación.

Otro día lleno de emociones y otra lección aprendida. Aquí todos cuidan de todos. Veo que viven como si fueran una gran familia. De hecho lo son. Los mayores, juegan con los pequeños, los miman (cuando pueden), unos se encargan de repartir la comida, otros de limpiar la ropa. También hay encargados para la hora de la pregaria y todos respetan el trabajo de todos. Son como más de 100 hermanos y todavía no he visto ninguna discusión ni pelea. Son una gran familia…Continuará (2 de 5)

Leer la primera parte.

Mama Tunza – Pay It Forward 1ª Parte

Mama Tunza – Pay It Forward, es un proyecto fotodocuemental en el que voy a poner todas mis energías para explicar la historia de una mujer que recogió niños abandonados y les salvó de una muerte segura. La traducción correcta de “Pay It Forward” sería “Cadena de favores” en honor a la cadena de favores que inició Mama Tunza y que han seguido muchas otras personas de forma puramente voluntaria.

En las siguientes entradas voy a ir explicando mis vivencias de forma personal, en el orfanato de Mama Tunza Children’s Home y en los próximos días abriré una web que explicará en detalle el proyecto.

Aquí la primera entrega:

Hace unos días he llegado al orfanato de Diminah Khasiala en el distrito de Ngong, a las afueras de Nairobi. Aquí todo el mundo la conocen por Mama Tunza, que en Swahili significa: “La Madre que cuida”. MT, me ha presentado a todo su staff y hemos recorrido sus más que humildes instalaciones. Finalmente me ha acompañado a lo que será mi habitación los próximos 10 días. Una buena habitación, teniendo en cuenta lo que hay aquí, con una amplia litera, una mesa, una silla y una mesita. También tiene un recibidor con un pequeño compartimiento que es un lavabo/ducha pero no funcionan porque no llega el agua.

Tras el recibimiento, Klinton, un pequeñajo de 4 años ya se encariñado conmigo, o quizás al revés, yo me encariñado con él. No se separa de mí ni un instante y coge fuerte mi mano, demostrando a sus “hermanos”, que me tiene. Pero aquí todo se comparte y él lo sabe. Pronto, Sussan, una niña de unos 6 años quiere su protagonismo y me coge de la otra mano. Con la cámara colgada al cuello, nos damos los primeros paseos por el patio. Todos me dan la bienvenida, pequeños y grandes. Empiezo mí trabajo “Mama Tunza – Pay It Forward” definiéndolo de 3 formas: ilusionante, triste y optimista a la vez.

 Al rato, junto a mi inseparable Klinton, me encuentro con Vivian y la reconozco en un instante, lleva el mismo jersey rojo que el año pasado (ya visité el orfanato y supe de la historia). Es una niña de unos 5 años que fotografíe en mí anterior visita. Llevaba una flor dibujada en la frente y su mirada me impactó. Es tímida y no me dice nada, pero su expresiva mirada delata que se acuerda algo de mi, y me hace una leve sonrisa. Todavía es pronto para darme la mano.

A media tarde, llega el camión de “Clean Soft Water”. Es una de las donaciones que hace Kobo Trust, la organización que me está ayudando, dándome soporte logístico. Cada Lunes, el orfanato recibe este preciado abastecimiento. Tras unos imprevistos controlados, la manguera tiene algunos poros que hace perder algunos litros de agua, al final, se empieza a llenar el tanque de agua limpia que tendrán que dosificar durante los próximos días.

 Mama Tunza, coge algunas pequeñas botellas de plástico para los más peques. Las llena de agua y hace unos pequeños agujeros en los tapones. Es como si fuera una chuchería. Los babys, van chupando del tapón, las pequeñas dosis de agua que refrescan su sed.

 Siguen jugando con lo que tienen. Unos se entretienen con un balón que parece de los años 50, otros con unos cochecitos hechos de alambre, algunos juegan con los pequeños charcos que ha dejado el camión de agua y los que encuentran alguna tiza como Vivian, dibujan en las escaleras asfaltadas. Su sonrisa ya es más cercana.

 Las chicas y las cuidadoras, mientras, lavan la ropa como en antaño, dejándose los riñones y enjabonando a mano la ropa sucia, que una vez lavada cuelgan en el alambre que rodea toda la finca.

 A media tarde, llega Patrick con su coche. Viene con sus 2 hijos, Rita y Gideon y 2 sobrinos. Vienen cargados de juguetes y ropa. También algunos bollos y botellas de refresco. Coca-cola, Fanta, Sprite….Los niños de Mama Tunza, los rodean expectantes y los cuidadores les indican para entrar en la sala principal. Ordenadamente, los pequeños cogen su asiento y los mayores se quedan detrás. Patrick, sus hijos y sus sobrinos, empiezan a repartir juguetes y ropa junto con los cuidares. Una vez todo repartido, empiezan a llenar vasos con los refrescos. Hoy ha sido un día completo para los niños. Beben, comen, juegan y se visten. Todo se comparte. No hay ni una pelea.

 Más tarde, hablo con Patrick y me cuenta que es chofer del CEO de Coca-Cola en Kenia y que de vez en cuando viene a traer cosas que su familia, de clase media, imagino, ya no necesita. Me cuenta, que quiere que sus hijos vean otras realidades y que deben de aprender a apreciar lo que tienen. Le doy toda la razón y le felicito por su forma de actuar. Toda una lección.

Estoy fuera en el patio. Los niños siguen jugando y empiezo oír cantar. Poco a poco los niños van entrando en el comedor y los cantos se escuchan con más fuerza. Es la forma de llamar a todos para la pregaria. Como uno más, me uno a ellos. Me dan la bienvenida y les doy las gracias a todos por compartir este momento con ellos. Disfruto escuchando gospel, parecen ángeles. Por turnos, cada niño dice unas palabras delante de todos. Son unos instantes, muy emocionantes para mi… Continuará (1 de 5)

Leer la segunda parte.

Antes y después de las Auroras Boreales en la Laponia Sueca

Como decía en mi post anterior: Laponia y las Auroras Boreales, la experiencia fue increíble, lo típico que se dice: -”ver para creer”.

En este viaje coincidí con 3 grandes viajeros: Aniko, Miguel y mi compañero de Auroras, Florent. Los 4 viajamos juntos a Laponia por nuestros respectivos trabajos, Aniko y Miguel, Blogueros profesionales, Florent periodista del periódico El Punt ,y yo en este caso viajaba para un encargo de la revista Conde Nast Traveler, sobre la cultura Sami. Pero una vez allí, nos separamos en grupos de 2, ya que íbamos a tratar temas diferentes.

Florent y yo nos fuimos más al norte, rozando el círculo polar ártico y aquí nos encontramos con la gran suerte de poder presenciar las Northern Lights, aunque Aniko y Miguel, unos centenares de kilómetros más al sur, también las pudieron ver.

Viajamos en autobús desde Skellefteå unas 3 horas hasta Arjeplog. Aquí nos vino a recoger a la estación de Autobuses, Anna-Karin, la hija de Lotta, la mujer sami con la que estuvimos un par de días. Todavía nos faltaba 1 hora más de coche hasta llegar a Båtsuoj.

Durante el trayecto, Anna-Karin se mostro amable, pero extremadamente reservada, cosa que no me extraña, quizás en invierno están meses sin tener visitas, hay que pensar que por estas latitudes, hay muy pocas horas de luz y la temperatura media es de -15, por lo que la gente se queda en casa y es normal ser introvertido.

La carretera estaba helada, pero eso no es problema para moverse en Laponia, llevan neumáticos de invierno con puntas de acero, que les dan un agarre extremo, aunque para mí, toda precaución era poca. No me gusta mucho ir de copiloto, así que imaginaos la experiencia para un mediterráneo, ir a unos 90km/h por una carretera local y con una capa, más que gruesa, de hielo. Hubo algunos momentos de tensión inevitable.

Al llegar a Båtsuoj, nos recibió Lotta y nos “acomodamos” en nuestra cabaña, para pasar un par de días de convivencia con la cultura Sami. A partir de aquí, comparto algunas imágenes para ver el antes y el después de las auroras boreales que ya habéis visto en el post anterior.

La Cabaña donde dormimos cubierta de nieve.

Otra cabaña con un puente que lleva casi al centro del lago helado

Una vista desde el lago helado

La cabaña, con el agujero en techo para liberar el humo de la hoguera y que me alerto de la Aurora Boreal.

 

Una vez fotografiadas la aurora en todas dirección, tuve que secarme los pies, ya que en ocasiones la nieve me llegaba hasta las rodillas.

No pude esperar y revisé las imágenes que había tomado.

 

 

Laponia y las Auroras Boreales

Tras el viaje por Austria: Viena y Salzburgo. He viajado a la Laponia Sueca con el objetivo de contemplar las Auroras Boreales como nosotros las conocemos o “Northern Lights”, luces del norte. Uno de los fenómenos naturales más increíbles que existen en nuestro planeta “tierra”.

Las expectativas no eran muy optimistas, el cielo estaba bastante nublado y la gente me decía que era muy difícil que las pudiera ver, ya que la temporada había acabado, termina en Febrero, pero en ocasiones, en Marzo, también aparece alguna. Yo, de todas formas estaba ilusionado y para motivarme y darme esperanzas le respondía a todos haciendo una pequeña broma, les decía que había reservado una de grande para las 22:00, después de la cena.

Y así ocurrió. Estaba junto a Floren, mi compañero redactor en esta ocasión. Acabábamos de entrevistar a Lotta, la mujer Sami propietaria del campamento donde nos encontramos en Båtsuoj Forest Sami Camp. Habíamos tenido una larga conversación sobre su pueblo, sus costumbre y creencias, mientras cenábamos carne de reno y patatas, su plato más típico, cerca de una calurosa fogata en el centro de la cabaña de madera, en medio de un solitario bosque con más de 50 centímetros de nieve.

Mientras cenábamos, sacaba la cabeza para ver como estaba el cielo, se estaba empezando a despejar y las estrellas comenzaban a estar rebosantes de luminosidad, pero nada de auroras. Después de tomarnos un café bien caliente, Lotta se fue, serían las 22:30 y vi que el agujero que había en el techo de la cabaña por donde se escapaba el humo de la foguera, se apreciaba mucha luz, e iluminaba de forma estraña los altos arboles que rodeaban la cabaña. Volví a salir y en esta ocasión mi reacción fue: “Floooreeeeennnn, vaaaamooooosssss!!!! Correeeee!!!”. Cogí la cámara, ya con el trípode montado y salí corriendo mientras me ponía las botas. Los cordones desatados no me impedían correr por el camino de nieve pisada hasta un punto algo despejado de arboles para ver con más amplitud y claridad. Con el Anorak todavía sin abrochar, y con una emoción inmensa de lo que estaba viendo, hice la primera foto.

No me lo podía creer, estaba viendo Auroras boreales y estaba cumpliendo un sueño. Tal fue la emoción que tras hacer esa primera foto y revisarla, me di cuenta que no había sacado la tapa del objetivo. Mi primera foto fue totalmente negra.

A partir de aquí, podéis ver todo lo que ocurrió en el cielo. Tan solo trato con mis imágenes, describir un poquito de las emociones que uno puede sentir cuando ve sobre su cabeza y en un mágico entorno, la inmensidad del poderoso espectáculo de la naturaleza.

Mis otros dos compañeros de viaje, Aniko Villalba y Miguel Páez, a unos 250km más al sur de Laponia, en otro bosque de encanto, también pudieron ver la misma aurora boreal. Aniko y Miguel también tienen sus anécdotas que contarles y podéis leerlas en sus respectivos blogs.

Salzburgo y un poco de Mozart para cenar.

Llego a Salzburgo de noche, en tren, procedente de Viena (próximos post) y el taxi me lleva directamente al hotel. Durante el trayecto, se aprecia una ciudad moderna, pero poco diferente a otra ciudad europea. El cambio se produce cuando el taxista coge un mando a distancia,  lo pulsa y baja un “pivote” que prohibe la entrada a turismos, excepto los de servicios. Acabo de entrar en al casco histórico de Salzburgo, patrimonio de la humanidad por la UNESCO desde 1996.

Todo ha cambiado. Edificios históricos, palacios a cada esquina, la catedral y un largo etcétera, bajo la vigilancia iluminada de la gran fortaleza que era usada por el príncipe-arzobispo y data del 1077 y actualmente es el castillo de defensa mejor conservado de Europa.

Dejo mis cosas en el hotel Kasererbräu y voy a cenar, tengo una reserva en el MozartDinnerConcert, un restaurante dentro de un “palacio” histórico. Mozart, es uno de los símbolos de la ciudad Austriaca. Nace y se cria en Salzburgo y como todo el mundo sabe, ya desde pequeño fue un niño prodigio, en cuanto a música se refiere, por lo que toda la ciudad recuerda su estancia y vida hasta su mudanza a Viena.

El MozartDinnerConcert, es una cena de gala, aunque puedes ir ‘casual’. Mientras cenas, una orquesta con vestidos confeccionados a la época, reproduce obras de Mozart, y la verdad, no aprecias la música clásica hasta que escuchas en directo la maravilla que llega a tus oídos mientras el paladar recibe también una buena ración de exquisitez. El concierto duró 3 actos intercalados con el entrante, el plato principal y el postre.

Los siguientes días, Salzburgo se visita bien en 2-3 días, los tenemos para callejear la ciudad, visitar museos, como por ejemplo las 2 casas donde Mozart vivió y también para disfrutar de las muchas vistas panorámicas de la ciudad y como no para disfrutar de la cerveza de Austria.

Un buen desayuno y empiezo por ascender la colina de la fortaleza. Un funicular me lleva hasta la entrada del castillo. Desde arriba se ve toda la ciudad, la parte vieja a un lado del río y la nueva. La vista es espectacular. Sigo los caminos alrededor de la fortaleza hasta el Museo de Arte Moderno de Salzburgo donde hay el restaurante M32, uno de los mejores restaurantes de la ciudad junto al Carpe-Diem,  y con una de las mejores vistas de la ciudad.

Sigo de ruta por Salzburgo después de comer y tras un paseo por el palacio de Mirabell y por las callejuelas, la sed de la famosa cerveza austriaca empieza a acecharme y me voy directo a una de las cervecerías más antiguas que existen, la AugustinerBier. La magnitud de las cervecerías de Salzburgo es más que curiosa. Se reunen para hacer tertulias de amigos y cada grupo tiene una placa identificativa, donde hay su emblema, el número de mesa reservada y la fecha.

Con una jarra tengo suficiente, me espera un poco más de Salzburgo y también la parte de montaña de la región. Un avance para el próximo post:  Snow Bike, Cross country, raquetas de nieve….

Más información en la página oficial de Salzburgo.