Miércoles 27 de Marzo del 2013,
Suena el despertador natural. Las 5:30 de la mañana. El astro que nos ilumina aparece y sus rayos se cuelan por la tela anti-mosquitos de mi tienda de campaña. Al sol, le acompañan un sinfín de cantos. Grillos, ranas, colibrís, Tucancillo, Tangaras y un sinfín de pajarillos en plena sinfonía musical que me alegran el despertar e invitan al más dormilón a levantarse y empezar a aprovechar el día.

Vengo desde San José hasta quí, el Caribe Sur de Costa Rica. Estoy en el anexo a la casa de “Memo”, así es como llaman a Guillermo, y de Otilia. Los abuelos de una familia indígena Bribri que viven en comunidad en el poblado de Yorkin, junto al río con el mismo nombre. Es una enorme construcción circular tallada en madera de laurel y recubierta por un techo en forma de cono por largas hojas secas.
Tiene 4 niveles. El primero son amplias habitaciones cada una con su baño completo. El segundo nivel, el mio, es un espacio abierto sin paredes y con una barandilla Aquí es donde he dormido. Hay un 3 nivel, algo más pequeño que el segundo al ser una edificación en forma de cono. Y un 4 nivel que podríamos decir que es la suite. En total es un espacio que podrían caber aproximadamente 40 personas pero en este caso es todo para mí y mi guía Daniel.
Tras 10 minutos de estiramientos matutinos, bajamos a desayunar. No estoy acostumbrado a madrugar tanto pero la madre naturaleza nos llama y la vida en la comunidad empieza y acaba cuando el sol lo decide. Otilia y Memo ya nos están esperando con el café y el desayuno recién preparado. Gallo Pinto (arroz y frijoles mezclados), tortilla, fruta y una buena conversación.
Con la comida más importante del día ya en nuestras barrigas, Memo, Dani y yo, empezamos una ruta por la selva para visitar las otras casas que forman la comunidad. Tras 10 minutos, Dani hace un alto en el camino. Hay transito. Una autopista de hormigas del tamaño de una uña están transportando trozos de hoja verde al nido de la reina. Bajan de un árbol, cruzan el camino y pasan por encima de otro árbol caído. Están preparando la guarida para tener la despensa llena. Es una imágen fotográficamente impresionante. Las hormigas que van a la derecha todas están cargando con su respectiva hoja del doble de su tamaño, que no es poco. Y las que vienen por la derecha, ya están liberadas de su carga y van a por más. 20 minutos tomando fotos y vídeo…. ¡¡¡PURA VIDA!!!

Aunque me resisto, continuamos el camino y llegamos a un puente colgante que cruza otro río. Impresionante, sin palabras. Es como si estuviera en una película de Indiana Jones. Lo que siempre había soñado. Para postre, unos niños se están bañando el río. Cruzo el puente de unos 20 metros de altura un par de veces. La sensación de movimiento y balanceo más el pequeño crujido de la madera a cada paso es sencillamente indescriptible con mis palabras.

Pasamos por el colegio. No hay niños, es semana santa y cada uno disfruta de sus merecidas vacaciones. El colegio no se parece a ningún colegio de nuestras respectivas ciudades o pueblos. Son edificaciones de madera, la mayoría levantadas 1 metro del suelo y decoradas con colores llamativos. Además, por todas las paredes hay frases de reflexión sobre la naturaleza y lo importante que es respetarla.


Volvemos para casa. El camino entre la selva ha sido más que gratificante y me encuentro con esta linda imagen. Una niña con su padre montando a caballo bajo un paraguas rojo. Golpe de suerte para fotografiar.
Tras el madrugón, para nosotros, ya tenemos hambre. Otilia y su nuera ya nos habían preparado una rica y tradicional comida. Pescado del río con plátano frito.

Me voy para arriba. 15 minutos de siesta. Mi cuerpo lo necesita y me da señales de ello. 1,2,3,4…….10,11,12,13,14,15. ¡Wake up!
El puente ha sido tan impresionante que le pido a Memo volver. Esta vez para bañarme en el río. 3 de los 11 nietos se nos suman y se viene con nosotros. Empiezan tímidos el paseo pero se van animando y me dejan sacarles algunas fotos hasta llegar al puente sobre el río Bris. La calor es grande, así que el baño es de lo más refrescante a unos kilómetros a la redonda. El agua, con un tono verdoso reflejado por la vegetación que nos rodea con palmerales de 20 metros, cocoteros, almendros, Laureles; está limpia y transparente además de templadita, algo de suma importancia para mi sensible cuerpo friolero.



Pasamos un buen rato jugando y disfrutando del entorno. Y pensar que estoy con una comunidad indígena en Centroamérica que lleva miles de años disfrutando de esto. Unos momentos impagables.


Aquí toda la información para hospedarse con la familia indígena Bribri de Memeo y Otilia.
WEB: http://www.aventuras-yorkin.co.cr
Email: aventurasnaturalesyorkin@gmail.com
Teléfono: 00 506 85368434
Si os animáis a ir, recordad decir que vais de parte mía.
Recordad también que todos los comentarios entran en el sorteo de unas botas Panama Jack.